materialismo histórico y actualidad

Breve relato de la caída de un metarrelato infantil

Yo tenía una amiga rubia. O sea no era tan rubia, era más bien castaña, pero en el norte no hay muchos rubios entonces ella era un buen reemplazo. Ella era de Rancagua, que era casi Santiago y había estudiado en el Rancagua College que era prácticamente el Santiago Collage. Tenía un buzo de colegio azul con el que siempre iba a clases, no sé por qué. Era un buzo “Kimba”. La aceptamos con su buzo “Kimba” pero hubo gente que no le perdonó que usara zapatillas “Dolphin”, pudiendo tener como todos nosotros zapatillas de marca. Si bien “Dolphin” es técnicamente una marca, socialmente no era consiedrada una “marca” en ese momento, aunque no me cabe duda que hoy muchos estudiantes de arte matarían por las Dolphin de mi amiga rubia. El asunto es que lloró un poco cuando le hicieron notar que sus zapatillas eran “Dolphin” y no de marca, como el resto.
Aún así, estoy casi segura que el chico que más le hizo notar el problema de sus zapatillas era uno que no tenía ni siquiera zapatillas, de la marca que fuese. Tal vez no le perdonó ser casi rubia y andar con zapatillas “Dolphin”. Esa fue la caída de un metarrelato para él, que era negro, mechas tiesas y relativamente pobre, como espera la gente que seamos todos los del norte.

20-06-2009 a las 07:38 · en Categoría crazy cat lady, nada

Ser la otra mujer

¿Qué diablos está haciendo ese hombre en mi habitación? Su frente se perló de sudor. ¿Cómo ha podido entrar? Myû no lo comprende. Se enfada, se aturde. aparece una mujer. Llevaba una blusa blanca de manga corta de algodón azul. ¿Una mujer? Myû sujeta con fuerza los anteojos, aguza la vista. Era ella.

La mente de Myû quedó en blanco… Fernando la abrazó, la condujo hasta la cama. Besándola, desnudó dulcemente a la Myû que estaba en la habitación.*

Cuando leí eso, hace un par de meses, me di cuenta que yo siempre había sido otra mujer. “Ella soy yo” pensé. Y sentirse dividida no es lindo. Pero es la única forma, parece.

*Haruki Murakami Sputnik, mi amor

12-05-2009 a las 05:41 · en Categoría nada

De música concreta

Que la actitud de Lee Ranaldo ante la guitarra sea la actitud que tengamos ante la vida.

Foto CC Flickr/photos/claudio

31-03-2009 a las 03:38 · en Categoría musica

Gracias porvenir

Fue el último disco que me regaló un novio al que quise mucho, pero con ese tipo de cariño que no te lleva a nada.  Era un buen chico y creía estar enamorado de mi. Él tenía sus asuntos, y yo -créanme- los míos.  Nunca convivimos aunque por un tiempo sonaba bien la idea de vivir con él. Cuando fuimos mejor pareja fue cuando nos juntábamos en una esquina, yo en auto y él con una champaña barata para ir a un hotelucho de tercera una vez a la semana. Podíamos pagar algo mejor de seguro, pero el hotelucho era un buen lugar para una rutina de ese tipo. Era una simple cita de una vez por semana, por lo tanto tenía 6 días y varias horas para seguir en la vida tal como me placiera.

Lo que me placía en el entretanto era diverso: beber cerveza con los amigos, escuchar música en un tocacinta y CD player que no aguantaba cualquier CD, salir en largos paseos -all by myself- a caminar. Rápidamente me di cuenta que la costumbre de caminar sola y sin rumbo por calles sin gracia alguna a muchas personas les parecía una especie de rara condición mental. Aún no me queda claro porqué, lo que tal vez sea parte de mi enfermedad.

El disco me gustaba porque adoraba a Cerati. Tenía el Amor Amarillo y guardé muchos años la reseña que hizo la Zona de Contacto del disco, la que le dedicó un número especial de páginas centrales donde Cerati comentaba las canciones una por una.

Ahora -mientras escribo- tengo la duda de si Bocanada me lo regaló el novio de los jueves o el chico posterior. El caso es que se rayó porque hubo un temblor y cayó al piso arrastrándose un par de metros. Río Babel es inaudible pero Puente está intacta. Aún lo escucho, con rayaduras y todo, con ese “trip – hop” vulgar de algunas canciones, y con Cerati muerto (para mi) incluso.

Hay viejas lealtades que no se entienden.

05-02-2009 a las 11:59 · en Categoría crazy cat lady, musica, nada

Ver series en serio

Para mi esto de ver una serie no es moco de pavo.

Como mi época de estudiante universitaria la viví dentro de la década de los noventas (la edad de oro de la serie), como tenía cable y bastante tiempo libre, como estaba con mi hermana que estaba en el colegio entonces también la pobre necesitaba una vía de escape, el ver series por la tele era un ritual.

Los expedientes secretos X: Esta la daban en Fox los viernes en la tarde, tipo 19 o 20 horas. Recuerdo haber acompañado a mi mamá al super, y luego de llegar, partir al dormitorio de mis viejos a echarnos en la cama a ver tele, con unas ricas galletas obleas brasileñas que vendían en el Líder en esos años o un buen platón con papas fritas. Me gustaban mucho los capítulos de tipo unitario donde los ETs de Mulder perdían protagonismo, sin embargo igual veía todos religiosamente. Me perdí varios capítulos de la última temporada con Mulder porque me puse a pololear. La relación fue de mal en peor y ahora pienso, ¿Quién me devuelve ese capítulo final? Esa relación, en todo caso, podríamos describirla como un gran “I want to believe“.

Friends: Nada, que lo daban en Sony los martes y de ahí lo pasaron a Warner los jueves, pero nada, había que verlo y te reías y encontrabas que las pintas de Jennifer Aniston eran increibles (y qué bien se veía), mientras que ahora aún dices “es un trabajo muy Chandler” para referirte a algo que nadie entiende y que seguramente si te lo explican tampoco lo entenderás.

Seinfeld: Bueno, acá pasaba una cosa muy rara. No sé si es una serie de ficción o la vida es una gran sucesión de personajes secundarios de Seinfeld. Resulta que la pasaban los martes en la noche, y era, ¿cómo decirlo? la coronación de la siempre excelente franja de Sony los martes. El fanatismo era absoluto. Ésta, como la daban más tarde, solíamos verla muy apretujadas en la cama de una plaza de mi hermana, que tenía una tele del año ñauca. Le pegamos el fanatismo a mi padre que hasta hoy dice “el gallo este me hizo acordar al Kramer“.

Felicity: Esta fue mucho después de la edad de oro de las series (el martes sagrado con Friends, Mad about you, Seinfeld y después CQC original). Igual la veíamos porque Ben era el actor más mino de la vida, y porque sí, los guiones estaban bien hechos (¿J.J. Abrams?) y Keri Russell es una gran actriz. Tremenda actriz. El corte de pelo de Felicity no nos hizo vacilar y continuamos acompañándola de principio a fin en su estadía en NYU.

Jack and Jill: Salió en una excelente camada de series del Warner. Duró poco pero tenía gente muy buena trabajando en ella, un guión que tal vez le faltó un poquito más, pero daba lo mismo si teníamos que ver al gran Jillevsky parado miarndo el techo en la pantalla.

Gilmore Girls: Esto es mucho después. Vivíamos con mi hermana solas en Santiago. Qué buena época fue esa. Esto es 2004 para adelante. Las tres últimas temporadas de la genialidad de Amy Sherman – Palladino la veíamos religiosamente. Se organizaba todo para que a las 21 horas nadie molestara al teléfono. Se pedía una pizza. Si hubiésemos tenido wi fi seguro pondríamos el compu en el sofá para googlear las citas que aparecían en la boca de Rory o Lorelay (por ellas supimos de un tal Obama). Lloramos a mares -a mares- cuando Lorelay peleó con Lucke, porque Gilmore Girls siempre tuvo los mejores finales de temporada de la historia.

Entonces, cuando me dicen que baje las series por internet y después las vea en la pantalla del notebook la cosa no me calza, no me cierra, no me suena atractivo en absoluto. Es como si me pidieran cambiar un plato de cazuela por un pan con mantequilla.

Feliz cumple a mi hermana, de pasadita.

16-01-2009 a las 11:51 · en Categoría nada

Estoy de parranda

Sigo acá pero un poco haciéndome la ocupada. Haciéndome porque siempre estoy ocupada con cosas que no me ocupan. Detestaría mi vida si fuera una mujer ocupada.

Me he dedicado a:

1. encontrar una nueva pega y me fue bien, por tanto, acá viene punto 2

2. hacer las cosas de manera mediocre en la pega antigua, total, me voy.

3. Ver tele y pelis.

Tele: La novela brasileña del trece que la censuran tanto que termino viéndola en Youtube, en versión, mon-tuñol. Ugly Betty en los avisos de House M.D. y Next American Top Model, me gusta la con Síndrome de Asperger, pero cuando Tyra la convierta en una persona que se acepta a sí misma ya no me va a gustar más.

Pelis: El Padrino 1 y 2. La 3 en espera. Jamás las había visto y me han gustado mucho, y me siento madura de aceptar que la crítica mundial tenía razón antes que yo y la cacha de la espada; aunque siempre que veo pelis de Coppola (Francis, que la otra fue debut y despedida) me da cosita y me acuerdo de Peggy Sue, su pasado la espera, mi peli favorita de la life, donde una vieja Kathleen Turner hace de una joven Peggy Sue que descubre que no tiene nada de malo andar encamándose, y se encama con el tipo que ahora a los 40 le parece más entretenido que el jovencito de la peli -que es Nicholas Cage pero ya sabemos la manía que tienen Francis con su familia- y amo la parte en que ella se da cuenta que el poeta maldito que viste de negro y te encuentra bella es el mismo huevón tarado de siempre pero vestido de negro.

Y ayer vi una de Montgomery Clift, haciendo un Freud perfecto, y sólo dios sabe que me encantaría reencarnar en Monty, gay y lindo, y tener los mejores papeles de la vida y no morirme tan joven sintiéndome tan desgraciado.

08-12-2008 a las 06:55 · en Categoría nada

El arte de conversar

No manejo el arte de conversar. Lo que yo hago es básicamente “echar la talla”. Supongamos, cae un tema, cualquiera, y se administra hasta que muere y aparece otro tema. No tengo de esas conversaciones donde cuento esto que me pasó, o lo que le pasó a fulana, a menos que sea parte del proceso de estiramiento de la talla. La talla así cual elástico, fallece por muerte natural. En cambio la conversación con tema, nos lleva al silencio incómodo que es básicamente una agonía.

Todo esto porque me preparo para ir el sábado a una fiesta de gente que conversa.

05-11-2008 a las 04:23 · en Categoría crazy cat lady, odio

El segundo sexo o gracias chicas

El año 2001 leí “El Segundo Sexo”. Todo bien, lindo libro. Pero el camino, el mío al menos, ya se venía recorriendo hacía un tiempo.

Me convencía a mi misma llena de tierna ingenuidad que no me interesaba eso de ser mujer, “sólo quería ser persona” me decía yo con la peor de las misoginias. Creo que los modelos de mujer que tenía a mi alrededor no me convencían a tomar una lucha; y como mujer muy joven, lo femenino parecía ser una fuente de poder frente a la estupidez masculina y me servía de ello. Así, huía de la verdadera pregunta sobre eso de ser mujer, más allá de ser madre, más allá de tener vagina, más allá del poder de seducción sobre los hombres.

Cuando era más chica, iba mirando de a poco a esas mujeres que me gustaban, que por supuesto -niña de la clase media provinciana- no eran mi madre ni eran mis profesoras (”las señoritas”), y por supuesto, no eran escritoras ni artistas famosas. Eran las cantantes de la radio y de la tele.

Me gustaba Rafaella Carrá porque bailaba y cantaba y tenía a “los chicos” detrás que la levantaban en vilo cada cierto tiempo. Me gustaba Paloma San Basilio porque cantaba canciones donde se quejaba de los hombres y planificaba huidas, engaños y de pasada los trataba de estúpidos. Demás está decir que Madonna nunca fue un role model, primero porque no le entendía lo que decía así que Like a Virgin sólo era una canción de una niña rebelde con traje de novia; y segundo, porque tanto cambio de look ya se olía como una estrategia desesperada por agradar.

Luego llego a la época difícil pero necesaria. Las niñas ya no éramos niñas, éramos mujeres. Solas salíamos a las calles. “¿Tan solita que anda?”. Solas íbamos a estudiar o a trabajar. Me gustaban los hombres pero como suele ser cuando algo te gusta, ese objeto ocupa un espacio tan importante en tu atención, que al poco andar se hacía insoportable y lo despachaba.

Pero no estábamos solas. Un montón de otras mujeres nos acompañaron en ese camino hecho con zapatillas de gamuza y ropa usada: chicas jóvenes que ya no se casaban con maridos estúpidos; que consumían drogas y tenían sexo, y que en todos los casos, no necesitaban a nadie.

Ahora que el tiempo ha pasado, me doy cuenta que ser mujer es el resultado en construcción de un esfuerzo mancomunado y tremendo, y sólo me queda agregar que fuimos afortunadas. Gracias a todas ustedes, chicas.

Gracias 1

Gracias 2

Gracias 3 con bonus track

29-10-2008 a las 07:41 · en Categoría crazy cat lady, musica

El País de Lo Ajeno

Hoy vi a un tipo tirar desde la micro una botella vacía al bandejón central de la avenida por donde pasábamos. Me dio rabia que no cuidara el parquecito, que es mío, pero que también es de él. Ese sentido de propiedad compartida no existe en el país de lo ajeno.

Con mucha rabia/pena nos enteramos que la discusión de la ley de propiedad intelectual está zanjada. La SCD es amiguita de la Ministra y el Gobierno y ya han llegado “a acuerdos”. El nivel de representatividad de la SCD, relativa a los “artistas chilenos” afiliados a ella es comparable al nivel de representatividad de las AFP’s con los futuros jubilados. Tal como éstas, sólo cuida las ganancias institucionales, no se preocupa del resto. Y está bien, es su pega.

Pero la lógica de fondo aterroriza: los discursos válidos son los del propietario. Todo tiene dueño y esos dueños han decidido poner el punto sobre las íes. Todo incluso la cultura. La cultura, esa cosa que en Chile es un divertimento para un puñado, la cultura como el museito, como la obrita teatral traida del primer mundo para verla y salir a comer después, la cultura como el telarcito que hace la señora del campo que de vez en cuando admiramos. Pagar favores a través de la cultura entonces no debería de molestar a nadie.

Pero no. Nos molesta y mucho, nos horroriza que se nos aliene de nuestros derechos.

Chile es un país que no nos pertenece. Todo es de otro. En Chile no existe eso que se le llama patrimonio, tal vez porque somos un país de huachos, la relación con el padre tiende a anularse. No existe lo nuestro. Todo tiene dueño, todo está plagado de propiedades cuidadas por perros guardianes que cuidan el bolsillo propio y con especial ahinco el ajeno.

Esa idea de patrimonio que nos iguala y especialmente, nos dignifica por el solo hecho de ser chilenos, y que, especialmente, es construida por todos; nos ha sido enajenada de manera violenta en nuestra historia, pero también hoy de manera sutil y sostenida: cada peaje que pagamos para circular, cada vez que nos alejan de los centros urbanos, cada vez que nos miran mal por reirnos de los poderosos.

Cuidado, que caminamos sobre vidrio picado. Todo es de alguien y nada es nuestro. Nada.

08-10-2008 a las 07:48 · en Categoría Uncategorized, estamos fritos

Fashion victim

Usé un traje tan feo, tan feo durante un tiempo. Pero a mi me gustaba. Era color melón. Ese color no le queda bien a nadie. Pero a mi me gustaba de verdad, influida supongo porque estaban de moda “los colores pastel” y mi mamá trasmitía tanto con los colores pastel un verano y con los colores fuertes el otro.

Si algo de lo que me ponía no me gustaba, mi mamá decía “pero así se usa”. Fui tal vez una fashion victim / niña neurotizada con un horrible traje color melón. Era un “buzo” y “buzo” se le decía a lo que hoy algunos llaman enteritos, que para más claridad es un traje de una pieza que debes sacarte completo si vas al baño.

Tenía botones transparentes y creo que eso lo hacía especial. Porque insisto, era horrible.

Me acordé porque fui a mi primera fiesta de colada con ese traje melón. Me acuerdo de eso y que tocaron a Los Prisioneros.

01-10-2008 a las 06:05 · en Categoría crazy cat lady
trato justo para todos*

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