Estamos fritos 2: La Tercera
Tal vez sea el mejor reflejo de cierta parte de la sociedad chilena: la que habla de vinos, de viajes y de conciertos, pero en realidad no sabe un carajo. La sociedad donde todos conocen a alguien. Donde todos tienen un pasado oligarcoso. Pero lo más probable es que ni siquiera ese tipo de gente lea La Tercera.
Este pasquín es el arribismo hecho papel. O peor, hecho editorial periodística.
Pasando por este señor que nadie sabe porqué está donde está, Paulsen (¿es algo de la olvidada nancy paulsen?) o el actual señor Bofill, quien ha tomado las peores decisiones posibles en lo que respecta a un medio digital (¿cuánto se demora en cargar el famoso “papel digital”?), este diario se ha transformado en la meca de los que buscan con afán la legitimación terrateniente.
En La Tercera todo tiene un aire a primicia aunque estén hablando de un partido de chile con argentina. Todas las noticias parece que ellos las inventaron, aunque sean el peor cut and paste de El País o su sección de espectáculos sea un rss de The Superficial. Sus notas científicas de dudosos investigadores que descubrieron el gen de la felicidad o su insistencia en que te suscribas a cambio de regalos, reflejan lo que piensan de sus lectores: que son idiotas.
Lo único que le respeto de La Tercera es la rabieta que le hicieron pasar a Agustín cuando le compraron a Roberto la alicaída Paula. Porque de mujeres saben también.
La revista Mujer, que pasó de ser un recetario para la señora a un remedo de la reina de la reproducción social, la Revista Ya, en versión aún más aburrida: el único tema de la mujer chilena parece ser la terrible disyuntiva entre ser mamá y trabajadora. Entre medio aparece ropa de Alonso de Córdova y chucherías de Patronato, porque la mujer chilena es siempre tan “busquilla”.
Ni hablar de su peor experimento: la adopción de Revista Qué Pasa. Esta revista rediseñada por un John Kennedy jr. wannabe y anónimo es el reflejo de la masculinidad nacional: cultura y moda, datos y rankings, alabanzas al emprendedor de turno y mujeres con poca ropa. Lo que necesita el hombre de hoy, cuya preocupación es de que ancho se usará la corbata mañana.
Sólo me queda preguntar: ¿alguien lee la tercera?

