Sacar conversación a 100
Estoy “como” de vacaciones. Pero hoy tuve que ir a hacer una pega a mi trabajo. Toda la mañana entre “colegas”.
Debo comentar que llevo dos años trabajando ahí y tengo un casi amigo. Como muchos ya podrán sospechar, es el típico homo - amigo de mots. Me invitó a su cumpleaños y no fui, pero sólo porque no pude. Me cae bien porque podemos sentarnos a hablar sin conversar.
Con el resto -excepto mi jefe- no hablo más de lo necesario. Me cargan. Yo soy flaca entonces algunos se toman la libertad de decirme “Flaca” o peor, hacer comentarios de mi flacura, cosa que jamás nadie osaría hacer con los gordos y yo demando un trato igualitario respecto al peso.
Desde primera hora tuve que quedarme rodeada de ellos. No podía huir, así que me vi obligada, sí señor, a inventar de nuevo la historia ya vieja de que soy diabética y debo ir por azúcar o sal (lo que sea que no haya cerca) y así salgo y me doy una vuelta por la manzana. Me encanta salir del trabajo en horas de trabajo, pero mi trabajo casi siempre me lo impide, por eso opté derechamente por trabajar poco.
Ni hablar de las cosas que he tenido que inventar para no ir a la cena de despedida, aniversario o lo que sea que tengamos que celebrar todos juntos. He enfermado a mi padre y le he cambiado el cumpleaños a mis hermanas varias veces, cultivando un perfil familiar que acalla las críticas a mi baja participación en los eventos organizacionales.
Odio trabajar y más encima tener que caer bien, y odio especialmente las Conversaciones Baratas de Compañeros de Trabajo con gente que no conoces ni te interesa conocer y que cree que con leer en voz alta las frases escritas en las poleras de la gente que pasa cerca está creando intimidad.

