Mi Profe de Educación Física
Buy Stromectol Online Aricept Without Prescription Neurontin For Sale Motilium Generic Buy Motilium Online Hoodia Without Prescription Topamax Online Buy Prozac Aldactone Online Buy Toprol XLYo era -soy- la típica ñoña que odiaba las clases de Educación Física (o “Gimnasia”, como le decíamos antes). Era la nerd que tenía notas rojas en la libreta por culpa de que no alcanzaba a hacer los 100 abdominales, o que terminaba en Urgencia después de haber recibido la pelota con la nariz. Como muchos ya se imaginarán, jamás pude ir con un justificativo, porque hacer gimnasia, decía mi padre, era la única actividad física que realizaba. Sí, la primera frase gringa que me identificó fue la de couch potato.
Pero lo más pintoresco de todo era el profe de educación de física, siempre con ese cuerpo deportista, grueso pero musculoso, y en el caso de las mujeres, con los pechos aplanados por la actividad aeróbica, apretados en una malla de lycra contra sus espaldas anchas y fuertes de nadadora.
Ese (a) profe que gritaba siempre con la voz gastada de tantos años de pedir “el balón” y no la pelota, que retaba a los débiles, que nos hacía añorar el salón de clases donde al menos podíamos hacer como si escucháramos. Porque el problema era que uno no puede hacer como que juega handball. No señor.
Cómo olvidar al profe de sexualidad ambigua que entraba a los baños a revisar quién se había duchado, que parecía disfrutar el olor recalentado por los ardores adolescentes del Teen spirit de menem, que se paseaba con propiedad entre los calcetines blancos con la planta negra, entre los buzos Kimba que después dieron paso a los Le Coq y a las salida de cancha en Viña del Mar.
Y el silbato, y el libro de clases que menos mal estaba forrado en plástico para no ceder ante el sudor de la mano del docente.
Este post va dedicado especialmente a la Ministra Yasna Provoste, que pasó de los trampolines, caballetes y cajones a decidir los destinos de la educación nacional.

