La paja y el trigo
Hacer enojar a un facho es algo tan fácil. Basta ver las cartas del Mercurio.
Tóquele la autopista, la patente, los hoyos de la ruta y el peaje y zás, tenemos un angry young facho peor que la peor Alanis Morrissette de los noventas.
La otra forma, más clásica, más elegante, más de salón, es hablar de reforma agraria. Es común encontrarse con que la máxima aspiración de algunos es hablar del “Fundo del Abuelo” y llorar todavía por la rabia de los rostros de aquellos inquilinos revolucionarios antaño dulces juguetes del patroncito, hermanos de sangre que seguramente quedaron en la ilegitimidad del roto, pero que siempre se habían comportado a la altura del buen gañán.
Se chacreó. El fundo del abuelo se chacreó.
Adivinen qué término esta servidora ha proscrito de su lenguaje coloquial.

