Un último día de magia
En la mañana voy feliz en la micro -recién bañada, sentada, con el sol dando de ladito- mirando con alegría como aún falta mucho para llegar al trabajo. Veo una chica que me mira, pienso que a lo mejor le gusto, pero creo que es el efecto directo de estas micros con asientos enfrentados y mi hermosa cartera de cuero negro.
Cuando vi que la vida me sonreía con forma de relación platónico-lésbica prendí el mentado reproductor de MP3s (tampoco uso Ipod, desde que escuché a un señor decir que eran unos pendrive de 120 lucas). Y ahí pasó algo maravilloso.
Sonó la mejor canción del año. Y le puse repeat.
Y llamé al trabajo para decir que estaba enferma y seguí pulsando el repeat hasta llegar al final del recorrido. Ahí me bajé sin parar el repeat, y como un little serenado bajé el cerro donde estaba escuchando sin cesar my little hurricano.
Que un día al año al menos debes dedicarlo a escuchar devotamente una buena rola y caminar y caminar sin rumbo, hasta que veas la micro que te lleva de vuelta, subirte y dejar que reine el silencio camino a casa.

