Estamos contigo, Chiara
El sábado fuimos a ver al bueno de Benjamin Biolay. Estaba lleno. Qué bueno que sea tan popular, y que tanta gente en Chile sea francófona. Me sorprendió la cantidad de personas que se reían con sus elocuentes textos entre tema y tema. Yo no entendí carajo, eso que tomé clases de francés cuando me creía capaz de leer a tanto filósofo pelado maricón que nos gustaban en los noventas. Qué locos años esos.
Las cosas por su nombre
Dos filas completas para invitados del estilo de casting de Canal 13.
Pop de campus oriente
Felipe Cadenasso o algo así, un señor que tocaba con unos chicos semi entusiastas y una chica sin sostén, todos en filita cuál acto de colegio, tocó al inicio, aburriéndonos a todos con su incesante ir y venir de "melodías bonitas". Totalmente olvidable.
Rock con povidona
Rápidamente llegó el turno de Biolay que es como un Luismi intelectual, que congregó más calzones y sostenes que cualquier otra cosa.
Qué se puede decir. Soy re fan. Tengo sus discos, lo encuentro lindo, en fin, full package. Pero no me movió una pestaña este señor. Excepto cuando tocó Jardin d’hiver (echamos en falta a Keren Ann) y La Ballade du mois de Juin , era como un bife crudo. Le hizo más justicia a Mikel Erentxun que a Morrissey con su cover, aunque agradezco TANTO que sus cover hayan sido de Morrissey y Gorillaz y no otra canción desconocida de Dylan.
En fin
No vi nada de lo que los alocados fans que se iban al pie del escenario a bailar vieron. Bueno, tal vez vimos lo mismo, pero yo simplemente no sé amar, porque se me movió una molécula. No tengo sentimientos. Te entiendo tanto, Chiara Mastroianni.
Coda
El mundo me hizo una broma pero al final reconoció que yo tenía razón. Chica "fumo donde quiero" estaba dos filas delante mío. Re fan de Biolay la peuca . Se paró a bailar y un señor le pidió que se sentara porque le tapaba. Ella no quizo y siguió azotándose a pesar de que la mitad del público pensaba en qué sucio era el pelo de Biolay y la otra en cómo parecer afrancesado hasta la médula riéndose de chistes que no entendían. El señor insistió, y ella siguió en su ataque de epilepsia. Su novio, el mismo que la acompañaba el día del pucho la bajó disimuladamente. Después, enamorado, trató de hacerle justicia a la mala educación parándose a sacar fotos al medio del pasillo.
Como se dice en estos casos, I’m watching you, putita.

