No me interesa tanto como parece. Pero me cabrié.
Ningún niño debe quedar fuera del sistema escolar. Es lo único realmente racional que le he escuchado decir a la Ministra de Educación después de que fue agredida con un chorro de agua proveniente de un jarrón por María Música, de 14 años.
El problema que se armó, dios sabe que este post es uno más entre millones, es infinitamente exagerado.
María Música, no la conozco, no sé si tiene un problema, sólo sé que en el marco de las protestas estudiantiles le tiró agua a una Ministra débil, sin un discurso sólido, dedicada a sacar una Ley mal parida, como un peón sin derecho a la razón, peón de alguna mano maestra que a estas alturas a nadie le queda claro de dónde viene, sabiendo sólo que defiende el famoso lucro en educación.
María Música -esa imagen de la niña sonriente que no pide perdón- atacada por patéticos personajes que quieren verla castigada, humillada, porque se atrevió a quebrar el orden superior donde el estado puede pisotearnos pero los niños de 14 años deben respetar a la autoridad adulta. Esa gentecita que no logra vislumbrar la arbitrariedad de las reglas, de la adultez, de la niñez, de la vejez. Esa gente que prefiere que les den las instrucciones y atenerse a ellas para siempre.
María Música -esa imagen de la niña sonriente que no pide perdón- defendida por patéticos personajes que celebran este acto nimio, que admiran la capacidad de reaccionar con rabia, con la emoción adolescente llena de burbujeantes hormonas, de egocentrismo infantil. Esta gentecita que quiere decir que algo no le gusta, pero no tiene las palabras, entonces, incapaz de tejer un argumento interesante, se esconde detrás de una niña rebelde. Esa gente que sigue la instrucción más llamativa para parecer audaz o inteligente o lo que sea.
Sólo terminar diciendo que nadie de 14 años, en nuestro país, debe quedarse sin ir al colegio porque el colegio lo decide.

