El País de Lo Ajeno
Hoy vi a un tipo tirar desde la micro una botella vacía al bandejón central de la avenida por donde pasábamos. Me dio rabia que no cuidara el parquecito, que es mío, pero que también es de él. Ese sentido de propiedad compartida no existe en el país de lo ajeno.
Con mucha rabia/pena nos enteramos que la discusión de la ley de propiedad intelectual está zanjada. La SCD es amiguita de la Ministra y el Gobierno y ya han llegado “a acuerdos”. El nivel de representatividad de la SCD, relativa a los “artistas chilenos” afiliados a ella es comparable al nivel de representatividad de las AFP’s con los futuros jubilados. Tal como éstas, sólo cuida las ganancias institucionales, no se preocupa del resto. Y está bien, es su pega.
Pero la lógica de fondo aterroriza: los discursos válidos son los del propietario. Todo tiene dueño y esos dueños han decidido poner el punto sobre las íes. Todo incluso la cultura. La cultura, esa cosa que en Chile es un divertimento para un puñado, la cultura como el museito, como la obrita teatral traida del primer mundo para verla y salir a comer después, la cultura como el telarcito que hace la señora del campo que de vez en cuando admiramos. Pagar favores a través de la cultura entonces no debería de molestar a nadie.
Pero no. Nos molesta y mucho, nos horroriza que se nos aliene de nuestros derechos.
Chile es un país que no nos pertenece. Todo es de otro. En Chile no existe eso que se le llama patrimonio, tal vez porque somos un país de huachos, la relación con el padre tiende a anularse. No existe lo nuestro. Todo tiene dueño, todo está plagado de propiedades cuidadas por perros guardianes que cuidan el bolsillo propio y con especial ahinco el ajeno.
Esa idea de patrimonio que nos iguala y especialmente, nos dignifica por el solo hecho de ser chilenos, y que, especialmente, es construida por todos; nos ha sido enajenada de manera violenta en nuestra historia, pero también hoy de manera sutil y sostenida: cada peaje que pagamos para circular, cada vez que nos alejan de los centros urbanos, cada vez que nos miran mal por reirnos de los poderosos.
Cuidado, que caminamos sobre vidrio picado. Todo es de alguien y nada es nuestro. Nada.

