materialismo histórico y actualidad

El profe de Antofa II o lo que te es clase media en Chile

De lo anterior se desprende que Clase Media sería cualquier huevón que se deja esquilmar por otro que se forra gracias al capitalismo arribista y aspiracional de los pobretones, y que no le da plata ni cagando a Fonasa para que le traiga al mundo las criaturas de estas pelientas (u-pelientas si es mayor de 55).

Ahora, para mi gusto, de clase media es la persona que si sale a comer pide el plato con camarones, y cuando se lo sirven dice: “ah vienen hartos camarones” y se sonríe con satisfacción.

08-08-2008 a las 05:03 · en Categoría estamos fritos

El profe de Antofa I

El profe de antofa le dijo a su alumna básicamente que era una pobre cabra pobre.

En un Japening con Ja mental me imagino a un profe de educación “particular subvencionada” diciéndole a este profe muncipal que no es de clase media:

Oye pero vo no erí de la clase media po, vo erí pobre, vo dependí de una corporación municipal, a vo te contrataron por ser cuma, vo creí si fuerai clase media estariai trabajando en esa cagá de liceo, vo soy terrible de punga, trabajai en ese liceo con madres solteras, lleno de liendres, teni un hyunday usao del 98, tay pasao a empaná…

Y así lo podemos imaginar ad infinitum. Pero recuerde siempre, no cualquiera es clase media.

08-08-2008 a las 12:11 · en Categoría estamos fritos

Teniendo una “real” vida

Como que siempre tengo la sensación de no tener una vida.

Será porque mi mamá insiste en eso de que no tengo hijos entonces soy como pobrecita. Me dice “qué hiciste el fin de semana”, “nada” le digo yo, “salí de compras y fui a ver a una amiga y ahora estoy viendo una película” le insisto. “Ah” me dice “qué bueno, así no se te hace tan larga la tarde”.

Entonces como estoy de vacaciones decidí ir a la feria a comprar la verdura de lo que se desprende que:
a) estoy comiendo verduras (para no poner las caras que ponen las minas de los avisos del “tránsito lento” básicamente)
b) estoy ahorrando porque todo está muy caro, aunque la feria de providencia es un robo

Y voy con mis bolsas de saco que me dio una Don Lalo y la otra mi suegra (si eso no es tener una vida díganme qué es eso entonces) y compré limones, alcachofas españolas porque las argentinas, con todo el respeto a los trasandinos, son como flacuchentas sus alcachofas; naranjas, plátanos, coliflor y brócoli, unos morrones bonitos y flores.

Le dije al caballero de las flores que me diera las más baratas pero no las chinitas, porque a las chinitas el gato se las hace chupete y arma un lío. Me entendió y me preguntó si el gato era nuevo y yo le dije que no, que ya tiene 6 años pero que es hijo único entonces, eso.

Y me entendió y me dio al final unas clavelinas que el gato no se ha comido hasta el momento.

07-08-2008 a las 06:21 · en Categoría crazy cat lady, nada

Estadísticas

- 6 visitantes llegaron porque guglearon “aló jesús” o “alo jesu”.

- El 4 de agosto del 2008 alguien llegó al sitio buscando en gugl “soledad onetto pezones”

Todo gracias a StatPress y su sitio Ni dios ni ley

07-08-2008 a las 04:24 · en Categoría nada

No me interesa tanto como parece. Pero me cabrié.

Ningún niño debe quedar fuera del sistema escolar. Es lo único realmente racional que le he escuchado decir a la Ministra de Educación después de que fue agredida con un chorro de agua proveniente de un jarrón por María Música, de 14 años.

El problema que se armó, dios sabe que este post es uno más entre millones, es infinitamente exagerado.

María Música, no la conozco, no sé si tiene un problema, sólo sé que en el marco de las protestas estudiantiles le tiró agua a una Ministra débil, sin un discurso sólido, dedicada a sacar una Ley mal parida, como un peón sin derecho a la razón, peón de alguna mano maestra que a estas alturas a nadie le queda claro de dónde viene, sabiendo sólo que defiende el famoso lucro en educación.

María Música -esa imagen de la niña sonriente que no pide perdón- atacada por patéticos personajes que quieren verla castigada, humillada, porque se atrevió a quebrar el orden superior donde el estado puede pisotearnos pero los niños de 14 años deben respetar a la autoridad adulta. Esa gentecita que no logra vislumbrar la arbitrariedad de las reglas, de la adultez, de la niñez, de la vejez. Esa gente que prefiere que les den las instrucciones y atenerse a ellas para siempre.

María Música -esa imagen de la niña sonriente que no pide perdón- defendida por patéticos personajes que celebran este acto nimio, que admiran la capacidad de reaccionar con rabia, con la emoción adolescente llena de burbujeantes hormonas, de egocentrismo infantil. Esta gentecita que quiere decir que algo no le gusta, pero no tiene las palabras, entonces, incapaz de tejer un argumento interesante, se esconde detrás de una niña rebelde. Esa gente que sigue la instrucción más llamativa para parecer audaz o inteligente o lo que sea.

Sólo terminar diciendo que nadie de 14 años, en nuestro país, debe quedarse sin ir al colegio porque el colegio lo decide.

01-08-2008 a las 02:57 · en Categoría estamos fritos, odio

El auto - homenaje

Cumplimos un año de blog. Hay dos cositas nuevas: para mi, un contador de visitas donde podré espiar a mis lectores. Para ustedes, un pequeño banner a su derecha (Trato justo para todos).
Gracias a todos por visitar las palabras y las cosas que escribo de vez en cuando.

28-07-2008 a las 09:34 · en Categoría nada

Tíos putativos

En los años pretéritos de la zapatilla North Star o blanca o azul en invierno y la condorita o blanca o azul en verano, o la coca - cola de litro o el chocolito para el fin de semana; aquellos años de modorra conductual o represión, como quiera usted llamarle, en esos tiempos en que todo era poco, raro y feo, existía una especie que hacía nata: los tíos.

Venían en todos los colores, edades y aromas. En esos tiempos no teníamos tíos reales porque mis padres, de quién heredé la sociopatía, se las arreglaron para irse a vivir al pueblo más aislado de este pequeño país: entiéndame bien, Coyhaique era un hervidero urbano al lado de mi viejo pueblo. Y en esa soledad, en ese aislamiento, llenamos nuestras carencias de primos y tíos de sangre con miles de señores y señoras, que idénticamente faltos de afecto se encariñaban con uno y se transfromaban en los tíos.

Básicamente eran amigos de mis padres, que se las arreglaban para rodearse cada cierto tiempo de un mar de barbudos zaparrastrosos en los finales setentas y un montón de señoras embadurnadas de C de Ponds en los ochentas, en asados con guitarra y Gato Negro en el primer caso, o en largas tandas de “canasta” con vodka naranja, con las segundas. Sin embargo, en la mayoría de los casos se sentaban a ver la novela con mis padres mientras yo hacía las tareas, y ahí tomaban once con lo que había.

Esta vida de frecuentar tíos me ayudó a entender que los adultos eran tan frágiles, deprivados y necesitados como lo éramos los niños. Mientras jugábamos a cualquier cosa yo siempre tenía una oreja pegada y escuchaba a una de mis tías contarle a mi madre que tenía “adherencias” (nunca super qué eran pero siempre sonó muy grave y todo el mundo la justificaba por sus “adherencias”) mientras lloraba mordiendo un collar de oro, un collar que tenía como colgante una jaula vacía. O escuchaba a mis padres contarle chistes “picantes” a mis tíos sin usar las palabras que teníamos prohibidas, como “pico” o “teta”, incluyendo también “orgasmo” y cualquier cosa que hiciera alusión a la relación sexual.

Las conversaciones se repetían una y otra vez, y habían anécdotas que eran mis favoritas: las historias de mi tía enfermera en el campo las podía escuchar una y otra vez sin aburrirme.

Mis padres no se privaban de hacer comentarios maliciosos de los tíos delante de otros tíos, contando por ejemplo en largas jornadas como una de las tías que era conocida por su falta de inteligencia había metido a los niños en la renoleta y estos se le habían caido en la mitad del camino, o como había arrendando “La historia de las Sabanas” convencida de que era una película porno (yo me acuerdo de ese día, después de haber jugado Space Invanders todo la tarde con los hijos de mis tíos, habernos sentado a ver todos un lindo documental de la sabana africana).

Algunos se curaban, otros despotricaban contra Pinochet, todos se preocupaban de llevarnos regalos para los cumpleaños, las navidades e incluso para las graduaciones. Supongo que les tenía cariño, y debo decir que nunca quise a mis tíos de sangre como a la tropa de adultos torpes con los que conviví en mi infancia. Para nada.

27-07-2008 a las 07:14 · en Categoría crazy cat lady, nada

Ir al cine

Hace rato que dejé de ir al cine como una actividad corriente. Hace unos años atrás, tenía la suerte de vivir muy cerca del Cine Arte de Viña del Mar, que en los años noventas al menos, era el paseo habitual de todo estudiante semi progre de la quinta región. Allí vi el Festival de Tarkovsky y Fellini, todas las películas indies de Jarmusch y Van Sant, algunas tonteritas como Delicatessen, muchas películas en francés y alemán y chino.
Leía las pocas revistas o programas de cine que llegaban a mis manos, devorando las reseñas y luego la enorme expectativa que me generaban algunas películas era urgente y no podía estarme tranquila hasta que al fin llegaba al cine y la podía ver.
Me acuerdo que para el estreno de Trainspotting no se podía entrar porque estaba todo el mundo. Me recuerdo que fui con un amigo borracho a ver Antes del Amanecer, llevándose la Julie Delpy todos los gritos habidos y por haber por tramitar tanto al Ethan Hawke. Me acuerdo que tenía una amiga que iba estrictamente el día antes de cambiar sus sábanas, para poder deshacerse de la pulga que de seguro se le había subido ese día.
Yo, que venía de la profunda provincia, veía vía VHS todos los clásicos ochenteros con algo así de 2 años de retraso. Vi “Lost boys” a finales del año 90, dos días después de haber visto la traumática “Pump up the volume“. Pero veía muchas pero muchas películas, varias veces si era posible.
Pero el tiempo hace su trabajo a veces de mala manera y me transformé en esas personas que van al cine como “panorama”. Tampoco vi muchas pelis que me marcaran estos últimos 10 años, tal vez porque yo ya estoy grande y esas cosas ya no me impresionan o bien porque el cine que llega a Chile es una porquería. No sé, pero es verdad que ir al cine no es lo mismo de antes.
No me malentiendan: dios sabe que me gustaría ir a ver My own private Idaho en butaca reclinable y con unas buenas cabritas. Pero eso no es posible.
¿Debo a estas alturas, perder toda esperanza? Todo esto porque ayer vi XXY y me gustó. Me hubiese gustado, eso sí, verla hace unos 15 años atrás. Cuando las películas aún me marcaban y me iba de vuelta a casa pensando en que era la protagonista.

21-07-2008 a las 04:14 · en Categoría estamos fritos, nada

Discos del semestre

Me ha gustado mucho el disco de She & Him. Va número 1. (Update) Si hasta han pulido una joyita de Lenon y McCartney, oculta detrás de esa plaga llamada The Beatles.
También me encantó el de Martha Wainwright. No hay video pero si esta decente versión de festival.

Rockdelux diría que estoy en una madura etapa de “americana easy listening”. Cómo negarlo.

18-07-2008 a las 04:20 · en Categoría musica

El Compañero o un homenaje a la Concertación

El compañero era un sujeto, generalmente varón, que iba con uno a la Universidad. Al principio lo veíamos en clases, pero rápidamente dio muestras de que sus mayores habilidades no estaban relacionadas con el aula, sino más bien con las llamadas “habilidades sociales”. Rápidamente se había hecho conocido, y rápidamente frecuentaba a los compañeros más grandes, generalmente más cercanos a él, ya que el compañero siempre venía de otra carrera y se notaba incómodo entre los pirigüines del primer año. Y sabemos que el estanque a veces no da para tanto renacuajo, menos si alguno ya está perdiendo la cola.

El compañero pronto demostraba tener pocas dotes para el mundo de la asignatura, el trabajo grupal y la eximición. Le iba mejor en los pasillos, por ende, cuando aparecía en la sala, era para hacer alguna propuesta comunitaria: que falta plata para ayudar a don Luchito, que falta plata para mejorar no sé qué cosa, siempre con la superioridad moral de aquel que saluda y conversa con don Luchito, quien limpia y friega pisos en el campus. De la juntada de fondos a través del choripán y el vaso de vino, el salto a la política es fácil de suponer: en un par de años de no verlo, de perderlo en los semestres inferiores, el compañero es candidato, y lo más extraño, gana.

El compañero ahora es una autoridad y se dice, se rumorea, que ha viajado a conversar con Tompkins, con Flores, con el propio Presidente de la República en una de esas. Mientras organiza paros –esos paros de los años noventas– el compañero crece, envejece y se instala en la carrera política.

Conoce gente, se queja de la falta de participación, discursea con verso sentido. Sus argumentos generalmente apelan a nuestro buen pasar que nos hace indiferentes, a nuestra apatía, a que “no estamos ni ahí”. El compañero, si antes nos daba lo mismo, ahora nos cae gordo y lo evitamos. Incluso cuando nos encontramos en algún evento informal con él, porque nos llena la noche con sus fábulas de viejo chico acerca del mundo del poder, ese que él ve, que incluso critica y que desprecia, pero que ansía por sobre todas las cosas. El compañero vio que se podía.

El compañero no se titula con uno. De hecho nadie lo ha visto titularse pero tiene cartón y cumple con los requisitos del Registro Electoral para cualquier vicisitud que su carrera política le imponga. Ya no lo ves en clases ni en los seminarios de la especialidad: lo ves en la tele de subsecretario. Ya ha hecho carrera y ya sabes que se va a quedar ahí.

El miedo, el temor, o la argucia del destino, es que todos estos señores hayan sido alguna vez el compañero.

10-07-2008 a las 04:19 · en Categoría Uncategorized, estamos fritos
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